La Coctelera

Según la segunda acepción de la palabra 'vulgar', del Diccionario de la Real Academia Española, entiéndase como: vulgar (Del lat. vulgāre). 1. tr. ant. Dar a conocer al público algo.

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MI ÚLTIMA VOLUNTAD EN CASO DE ACCIDENTE Y/O FALLECIMIENTO:

Consciente de la convulsa y violenta situación colombiana, la inseguridad que agobia nuestras ciudades, la medida pico y placa de todo el día en Bogotá (que nos obliga a usar el deficiente e inseguro sistema de transporte público), la fragilidad de la vida humana y, en especial, la triste y vegetativa vida que fue obligada a llevar durante 17 años la italiana Eluana Englaro (quien por fin descansa en paz), declaro que si sufro un accidente que me condene a permanecer en estado vegetativo, es decir, se me diagnostique muerte cerebral o mi vida solo pueda mantenerse artificialmente a través de aparatos médicos, deseo ser desconectado y morir dignamente.

Posteriormente, autorizo a mi familia a donar mis órganos a una fundación encargada de ello y se pueda salvar la vida de otros. Finalmente, deseo que mis  restos sean cremados. Una vez cumplido lo anterior, la disposición final de los restos la dejo a voluntad de mi pareja, si estoy casado; mis hijos, si soy viudo, o mi familia, en caso de no haber nadie más cercano en primer grado de consangüinidad o parentesco.

El día que ello ocurra, deseo dejar mi más grande agradecimiento a todos aquellos que pasaron por mi vida: a mi madre por darme la mía propia (y si ella aún está viva, deseo que encuentre fuerza y alegría para encarar su vida, sin tristezas ni pesares). A mi pareja, sea quien sea en su momento, por haberme dado el amor y el apoyo que hizo que el amor creciera; a mis hijos, si los hay, por iluminar y alegrar mi vida; a mis hermanos, por toda la lucha que compartimos juntos para alcanzar nuestros sueños; a los amigos y amigas, compañeros y compañeras, alumnos y alumnas, y los seres que quise o me quisieron, de verdad: ¡GRACIAS! Disculparán lo poquito...

11, feb | sin comentarios Posteado por: Alejandro En: Personal compártelo Tags: alejandro, parada, torres, mi, ultimo, deseo, cremacion, morir, dignamente, caso, accidente, ultima, voluntad

ANDRÉS LÓPEZ HABLA DE LA CULTURA COLOMBIANA Y LA PELOTA DE LETRAS

Entrevista realizada en el camerino del Teatro La Castellana

 

7, nov | sin comentarios Posteado por: Alejandro En: Videos compártelo Tags: alejandro parada torres, andres lopez, pelota de letras, entrevista, cultura, pelota, letras, andres, lopez

D E S T I N O F I N A L

Las dudas sobre lo que le pasa al cadáver de un ser querido al morir comienzan desde el momento en que se lo lleva la funeraria para ‘arreglarlo’. “¿Acaso tiene arreglo?” pregunta un hombre con humor negro mientras marca las múltiples dudas al respecto. Testimonio de lo que sucede hasta que se entregan las cenizas. 

Aún vestían de luto. Las hermanas Torres García se acercaron a la recepción del Cementerio del Norte con los ojos cansados de llorar. Una de ellas sacó de su cartera un papel: el certificado de cremación que les da derecho a reclamar el cofre de Aura Isabel García, una mujer de 74 años que falleció sin decir cuál quería que fuera el destino de su cuerpo al morir. La curiosidad les hace abrir el cofre, corroboran que ahora tienen en sus manos lo único que queda de su ser más querido: un kilo y medio de cenizas. Agradecen con resignación. Justo antes de salir una de ellas se pregunta: “¿Serán las cenizas de mi mamá...?”

La muerte es un proceso tan doloroso y misterioso, que aunque intriga, se desconocen los detalles que rodean el proceso funerario y destino final de un ser querido. Después de que se le ha realizado el certificado de defunción ¿quién garantiza que los restos entregados son del cuerpo en cuestión? Dudas se agolpan también alrededor de lo que sucede después que el cadáver ha sido levantado por la funeraria: robo de órganos, abuso sexual o cualquier otro temor de los familiares frente al manejo del cuerpo es apenas menos angustiante que la zozobra de recibir las cenizas de una persona extraña.

Marcela Silva, directora de Operaciones de la Funeraria Gaviria de Bogotá, dice que los familiares a veces siguen el coche fúnebre, desde que recogen el cadáver hasta que entra a la funeraria, para asegurarse que nada raro ocurra: “cuando entra el coche, descansan...”, afirma. Isabel Cristina Orozco, funcionaria de la misma empresa desde hace doce años, cuenta que es indispensable el certificado de defunción que corrobore médicamente que la persona ha fallecido para levantar el cuerpo, “si alguien venía vivo..., ya no lo estará después de pasar por la mesa de un tanatopráctico”.

Rumbo al Olimpo

Si el alma va en camino hacia los dioses o los demonios, eso no lo sabe Olimpo Cárdenas, que aunque tiene nombre de cantante, se inclinó por la Tanatopraxia. Este tanatopráctico es callado y reservado con su oficio, no tiene amigos, no toma ni fuma. Lleva catorce años al servicio de una conocida funeraria de Bogotá, ejerciendo un oficio para el que no existen muchos candidatos: el embalsamamiento de cuerpos. No tiene pesadillas, se levanta cada mañana con entusiasmo y almuerza con apetito a la hora indicada; para él, es un trabajo como cualquier otro, incluso ‘arregló’ —como comúnmente se le llama al proceso— el cuerpo de un familiar suyo; “en esos casos, uno realiza el trabajo con más amor...”, afirma.

 

Mientras los familiares se abrazan y dan las condolencias, Olimpo se pone dos pares de guantes de cirugía, una careta para protegerse de los gases y olores, gorro, delantal y botas de caucho, y sintoniza una emisora de música tropical en la grabadora que tiene en el laboratorio justo antes de romper el plástico en el que viene el cuerpo de una mujer de cerca de 30 años, una paciente de la Clínica Marly que murió de infarto cardiaco.

“Quedó como dormidito...”

“Antes del arreglo del cuerpo, revisamos cuidadosamente para asegurarnos que todo esté en su lugar. Si viene de Medicina Legal, generalmente ya le han extraído algunos órganos para donación. Cuando los cadáveres son jóvenes y vienen de clínicas, a veces llegan sin córneas porque los familiares las han donado. Somos muy cuidadosos para evitar problemas...”, cuenta Olimpo, mientras abre con unas pinzas la boca del cadáver que tiene sobre la mesa del laboratorio y comienza a introducir algodón hasta taponar la tráquea. “Esto se hace —dice— para evitar la emisión de olores y fluidos, que empiezan a salir desde el momento de la muerte”. Posteriormente Olimpo corta la vena Iliaca, ubicada en la parte superior de la pierna junto a la cadera, e introduce una aguja conectada a un aparato que bombea formol a medida que sustituye la sangre del cuerpo.

El segundo paso es la hidroaspiaración. Un tubo de aproximadamente 60 cm. de largo, una pulgada de diámetro y una punta filosa que está conectado a un aparato de succión, es introducido en lo que los tanatoprácticos llaman “el bloque” —que en términos corrientes quiere decir la zona del abdomen—. El Hidroaspirador tiene la finalidad de extraer líquidos y fluidos, a la vez que entre crujidos, perfora los órganos internos para evitar la acumulación de gases en el momento de la descomposición o la cremación. Así se reduce la posibilidad de que se inflamen y revienten.

Vista exterior Chimeneas Crematorio del Norte Bogotá

El Sector

Existen cerca de 110 funerarias en Bogotá, pero sólo 58 prestan el servicio de arreglo de cuerpos. Por ello, por parte de la Uesp (Unidad especial de servicios públicos), está en preparación un programa del Distrito llamado ‘Plan Maestro de Servicios Funerarios y Cementerios’ que hace parte del POT (Plan de Ordenamiento Territorial), que se encuentra evaluando todos los aspectos de la muerte y el destino final. Éste, reglamentará la ubicación de funerarias, los requerimientos técnicos de los laboratorios de tanatopraxia; así como el funcionamiento, amoblamientos, parqueos y servicios públicos de cementerios y crematorios.

Bogotá cuenta con nueve hornos crematorios para cadáveres distribuidos así: cinco por parte del Distrito, bajo la administración del Consorcio Renacer (cuatro en cementerio del Norte y uno en el del Sur); uno en El Apogeo; uno en el Jardín Cementerio El Recuerdo y dos en Jardines de Paz.

Según cifras de la Secretaria de Salud Pública, en Bogotá se producen treinta mil muertes al año aproximadamente. En el año 2002 fueron enterradas e inhumadas 17.645 personas en los cementerios del Sur, Central, del Norte y Los Jardines Cementerio (Apogeo, La Paz, El Recuerdo, La Inmaculada). Sólo 8.322 personas fueron cremadas. Los 4.033 restantes se enterraron o inhumaron en pequeños cementerios como el Alemán, el Británico, el Hebreo y los diez cementerios municipales como el de Fontibón, Usaquén o Suba.

Hernán Ortega, gerente del Consorcio Renacer, afirma que manejan el 43.72% del total de defunciones en Bogotá. De éstas, el 60.10% son inhumaciones (sepultar en bóvedas) y el 39.90% cremaciones. Los Jardines Cementerio suman el 51.26% y otros cementerios el 5.02%. El 11.36% son enterrados fuera de Bogotá. La cremación sin embargo va en aumento. Del año 1996 al 2002 el porcentaje de servicios diarios de cremación a incrementado para el Distrito en un 43.29%, hoy Renacer presta un promedio de servicios de 17.37 cuerpos diarios en cada uno de sus cinco hornos.

“Una de las razones en el incremento de servicios de cremación por parte de Renacer, es el desplazamiento de los estratos 4 y 5 a los servicios del Distrito. Además las personas se están haciendo conscientes de que la cremación es mucho más práctica, más barata y genera menor contaminación ambiental”, dice Ortega.

Los cinco hornos crematorios del Distrito funcionan con gas natural, a un costo promedio mensual de dieciséis millones de pesos. Son necesarios 32 mtr3 para la incineración del cuerpo de un adulto, lo que le cuesta al consorcio $17.800. Los demás hornos crematorios de Bogotá funcionan con gas propano; se requieren 22 galones para la incineración de un cuerpo a un costo de $44.000. Esto explica la diferencia en el costo del servicio entre el Distrito ($190.900 adultos y $95.400 niños menores de cinco años), y el de los Jardines Cementerio ($600.000 en promedio). Las tarifas son aprobadas por la Uesp y se incrementan anualmente de acuerdo al IPC (Indice de Precios al Consumidor).

Hecho en Colombia

Aunque aún funcionan en Bogotá los primeros hornos importados de los Estados Unidos, marca Old Cremator, se fabrican, usan y exportan hornos de cremación de cadáveres hechos en Cali por la firma TKF (bajo licencia norteamericana). El costo de un horno con todos sus aditamentos llega a los ciento veinte millones de pesos. Está formado por tres cámaras: combustión, post combustión y decantación de partículas. Las chimeneas tienen una altura mínima reglamentada para emisión de gases en 15 m. y está controlado por el DAMA (Departamento Administrativo del Medio Ambiente), quien periódicamente realiza controles isocinéticos de contaminación.

Horno crematorio frente

Operario revisa el proceso

Al pasar la portezuela

Los mitos sobre lo que sucede cuando el cofre cruza la portezuela —con los restos de un ser querido dentro para ser cremado— “son comunes debido al misterio que encierra el no ver que el cajón se introduce en una bóveda o es cubierto por la tierra. Por nombrar algunas cosas, se dice que se creman varias personas a la vez y al final se dividen las cenizas en varias bolsas de manera indiscriminada. Otros, dicen que se les quita la ropa, se trituran antes de la cremación para que los huesos se quemen más fácil..., en fin; hasta dicen que algunos llegan vivos y quisieron levantarse al estar dentro del horno...”, cuenta Carlos Rojas, administrador del Crematorio del Norte, en dónde existe el mayor movimiento de cremaciones debido a que funcionan simultáneamente cuatro hornos, los trescientos sesenta y cinco días, en un turno de seis de la mañana a seis de la tarde.

 

Cola de espera para cremación. Desprendibles de identificación en la portezuela.

La funeraria Los Olivos Bogotá actualmente prueba un sistema de cajas de cartón que recubren interiormente los cofres mortuorios —que son apenas perceptibles para los deudos— y que permite extraer el cuerpo del cofre de madera sin manipularlo ni exponer a los operarios a enfermedades contagiosas. Sin embargo, la única opción que ofrece Los Olivos para los casos de cremación es el alquiler de cofres.

Cremuladores. Bandejas con restos después de salir del horno crematorio.

Entre setenta y noventa minutos tarda el proceso de cremación, a temperaturas que van de 800° C a 1200°C. Durante este tiempo, el calor hace que los músculos y tendones se contraigan —por eso algunos cuerpos dan la impresión de querer levantarse—. Por una ventanilla el operario sabe en qué momento el proceso ha terminado. En seguida introduce una especie de rastrillo utilizado para unir los restos de los huesos calcinados, apaga el horno y espera de que baje la temperatura.

Una vez realizada esta labor, se recogen los restos en una bandeja que posee cada horno. Se llevan, junto con el desprendible de identificación, al Cremulador —un molino que se encarga de reducir a granos los huesos que aún tienen un tamaño medio—. Luego, se pasa un magneto sobre los restos con el fin de extraer residuos metálicos (tales como prótesis, clavos y tornillos) que el cuerpo pudiere tener por uno u otro motivo. Las cenizas, en realidad granos color blanquecino, caen a un depósito dentro de la misma máquina para ser empacadas y selladas manualmente, junto al desprendible de identificación.

Magneto es pasado sobre los restos para extraer pedazos de metal. Desprendible de identificación.

 

Las cenizas ya empacadas pasan en bolsas selladas a la bodega para ser introducidas en los cofres cenizarios. Cuando se presenta el caso de que la familia sea muy pobre como para pagar el valor de este cofre, las cenizas se entregan en una doble bolsa oscura sin marcar. “El proceso es bastante seguro, aunque no 100% confiable. Las posibilidades de que haya una confusión, existen por ser un proceso manual; sin embargo no se han presentado hasta ahora ningún reclamo”, afirma Hernán Ortega, gerente del Consorcio Renacer. Ortega ha pensado en la manera de mostrar claramente al público que este proceso es estricto y respetuoso, “se pensó en instalar una cámara de video para que los familiares del difunto pudieran seguir el cuerpo hasta el horno en un sistema de circuito cerrado, pero se descartó rápidamente por dramático. Además se pensó en poner una placa de identificación a los cuerpos —parecida a la de los militares— pero no presta ninguna garantía diferente a la del sistema de desprendibles con el que contamos. Si a alguien se le ocurre una buena idea, que me la haga saber...”.

 

 

Restos empacados y sellados a espera de ser llevados a bodega.

Carlos Rojas, administrador del Crematorio del Norte, afirma que la única confusión que raras veces se presenta es debida a homónimos. En ese caso, se deben consultar los libros de registro para confirmar quiénes son los verdaderos deudos. Los servicios de cremación son incrementados además por la incineración de ‘Restos fúnebres’; cuerpos que no han terminado de descomponerse al ser exhumados.

Gustavo Prieto, operario del Crematorio del Norte, lleva veintidós de sus 47 años realizando la tarea de cremar, cremular y empacar las cenizas. “Aquí no pasa nada raro, no asustan ni he visto fantasmas.”. Ex trabajador de la desaparecida Empresa Distrital de Servicios Públicos (EDIS), Gustavo se alegró cuando fue asignado a esta dependencia porque le significó un ascenso al cargo de ‘escobita’ que antes desempeñaba. Al preguntársele, no sabe cuántas personas ha reducido a cenizas; sin embargo, recuerda con nostalgia el cuerpo de una de sus propias hijas, que él mismo incineró. “Le temo a la muerte, pero no a lo que pasa con el cuerpo después de muerto”, concluye.

Asunto: Cenizas No Reclamadas por Parte de los Deudos

Cerca de cincuenta cofres no reclamados reposan hoy en las bodegas de la Funeraria Gaviria; el más antiguo pertenece a un hombre que murió en 1996. “Los familiares no reclaman en algunas ocasiones las cenizas. Hace un tiempo nos pusimos en la tarea de llamar a los familiares y conseguimos que reclamaran muchos cofres, sin embargo, hoy no sabemos qué hacer con los que no han reclamado. No tenemos corazón para meterlos en una bolsa y que se los lleve el servicio de recolección de basuras. Es un compromiso moral que mantiene La Gaviria”, dice Marcela Silva, Directora de Operaciones.

Estantes con cenizas sin cofre cenizario.

Para el mismo caso en el Crematorio del Norte, no pueden almacenar dichas cenizas debido a que cerca del 30% de éstas no son reclamadas mensualmente. “Esperamos un mes, que por ley está reglamentado, y procedemos a hacer un inventario que relacionamos en un memorando bajo la referencia “Cenizas no Reclamadas por los Deudos”, posteriormente las enviamos al monumento de cenizas que está ubicado en Matatigres. Allí reposan más de tres toneladas de cenizas sin reclamar”, cuenta Carlos Rojas, quien además revela que muchas personas pagan la cremación y advierten que pueden hacer “lo que quieran” con la cenizas, porque no las reclamarán.

¿Por qué no las reclaman?

La psicóloga María Fernanda Vence, docente de la Universidad de Los Andes, dice que se pueden analizar estos casos desde la óptica de la pérdida del ritual del duelo al que nos estamos acostumbrando. “En las ciudades, a diferencia de los pueblos, se perdió la costumbre del luto. En la costa, por ejemplo, una mujer que perdió a su esposo sigue vistiendo de luto, incluso, veinte o treinta años después del fallecimiento. En nuestras ciudades todo se ha vuelto ‘seamos prácticos’. Las cenizas son para algunos un estorbo que no dice nada, porque la identificación con el otro se pierde, las personas dicen ‘ésto no es a quién yo quise’. También es posible que se trate de cenizas de ancianos. Generalmente los ancianos son considerados un estorbo en nuestras sociedades”.

Estantes con cenizas dentro de cofre cenizario.

 

Curiosamente, la facilitación del duelo, el desprendimiento frente a los restos mortales, es uno de los argumentos que las funerarias adjudican a la creciente aceptación de la cremación. Alberto García, director de Servicios de Funerales Los Olivos Bogotá, dice que de los 780 servicios que manejan aproximadamente al mes, cerca de la mitad escogen la cremación. “La gente está optando por este sistema porque, además de económico, es más fácil de aceptar que el ser querido ya no está...”. Alberto, sin embargo, guarda en su casa un jarrón con las cenizas de su padre: “no tengo ya ningún cariño especial por esas cenizas. Mi esposa me pregunta cuándo voy a salir de ellas, yo la verdad no sé”.

Marcela Silva, de la Funeraria Gaviria, dice que el 90% de los servicios que prestan, son de cremación. “Los estratos socioculturales altos optan cada vez más por ella porque es menos traumático para los familiares. Cuando el fallecido está enterrado o inhumado, se vuelve un ritual de domingo visitar la tumba; esto retarda el proceso de aceptación, los apegos hacia el ausente se hacen más dolorosos”.

Las religiones y la cremación

La cremación tiene sus orígenes en la antigüedad. Entre los años 1400 a.C. y el 200 d.C. era considerado como el rito funerario más común; especialmente entre la aristocracia romana y la familia imperial. Hasta el siglo XIX, las doctrinas cristianas prohibían la cremación porque se pensaba que si se destruía el cuerpo, éste no podría resucitar.

Solo desde el Concilio Ecuménico de 1.962, la Iglesia Católica autorizó la cremación. Acerca de ésta, el padre Eduardo Castro, párroco de la Iglesia de Nuestra Señora de Lourdes en Bogotá, dice: “Estoy de acuerdo con la cremación, siempre y cuando se tenga respeto por el cuerpo. Yo, de hecho, quiero que me cremen.”

El pastor Gerardo Garzón, de la Iglesia Adventista del Séptimo Día, expresa: “El cuerpo es una morada temporal, no tenemos objeción al respecto”. Neenia Parada, de la Iglesia Evangélica Luterana, opina: “Es un proceso higiénico, respetamos la posición de cualquier persona”. Wilson Martínez, arzobispo misional de la Iglesia Gnóstica Universal, afirma: “La preferimos sobre cualquier otro destino final. Para nosotros, el fuego purifica y nos desliga de lo terrenal”.

En cambio Hilda Demner, de la Comunidad Hebrea, dice que la cremación está totalmente prohibida entro de los ritos del judaísmo: “La Torá lo prohibe. El cuerpo merece respeto y debe regresar a la tierra completo. Los cofres que usamos son de madera muy delgada y sencilla para facilitar el proceso natural de descomposición.” Aunque no fue posible contactar a la Asociación Islámica de Bogotá, se sabe que los musulmanes también prohiben la cremación por motivos similares a los del judaísmo.

A todos nos llega la hora final. Crea en lo que crea, la muerte es lo único seguro en la vida. Ahora, que sabe lo que realmente pasará con su cuerpo cuando su alma abandone este mundo, tome una decisión. Si lo entierran o inhuman, su cuerpo se descompondrá lentamente y es posible que al cabo de cuatro años —en que se exhuman los restos a no ser que posea un terreno propio—, termine cremado aún en contra de su voluntad. Tenga en cuenta que la cremación está prohibida para los casos de muerte violenta; sin embargo, si tiene alguna predilección sobre su destino final, déjela por escrito. Después de muerto usted no puede hablar y cualquiera tomará la decisión sobre su final.

Agosto 2003

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13, jul | 6 comentarios Posteado por: Alejandro En: Reportaje compártelo Tags: tanatopraxia, cremacion, destino, final, periodismo, alejandro, parada, muerte, bogota, crematorio, chapinero, reportaje

EDIPO EN AMÉRICA LATINA

"En cuanto a mí, persisto en querer saber mi origen, por humilde que sea".

Edipo

Por Alejandro Parada Torres

La convulsa condición histórica de Latinoamérica, atravesada por diferentes procesos de aculturación, hace permanente la reflexión sobre su identidad. Parece víctima de un sino trágico, no de orden fatalista naturalista, más bien, del tipo de una permanente búsqueda reflexiva acerca de sus orígenes para encontrar pistas sobre su ser ontológico. Este proceso se convierte en un destino del que pareciera no poder escapar.

Esta naturalización del carácter latinoamericano puede interpretarse como la tarea imperecedera, a la que refiera Octavio Paz, como "una permanente búsqueda de una identidad que no puede ser fácilmente encontrada" . Un "hijo de la nada", que niega su origen indio y español; y a la vez, reniega del hibridismo. Esta negación mantiene a América Latina en una especie de eterno retorno , una recurrente vuelta a su pasado en busca de signos y referentes que no terminan de explicar su origen ni convencer a los teóricos e historiadores contemporáneos. Esta cualidad, sin embargo, le otorga a Latinoamérica un carácter que podría ser hoy su verdadera característica e identidad.

¿Puede Latinoamérica enfrentarse a alguna suerte de destino edípico? Un destino que involucre el desconocimiento de su pasado, y a la vez, sea el causante de su propia desgracia. Recordemos la historia que sirvió a Freud para el descubrimiento sobre el "conflicto más crucial que todo ser humano sufre en el curso de su primer desarrollo [el llamado complejo de Edipo]. Brevemente, la historia de Edipo es como sigue:

Separado de sus padres en la infancia, Edipo regresa a Tebas siendo adulto e, ignorando su identidad, mata sin saberlo a su padre, el rey, y se casa con su madre, la reina. Años más tarde, cuando se entera de la verdad, su desesperación le lleva a cegarse a sí mismo, renunciar al reino y, empujado por un sentimiento de culpa, a errar por la tierra como un proscrito abandonado y sin hogar" .

La idea central de esta leyenda es que nadie puede escapar a su destino, así que no debe entenderse este símil desde las acciones y hechos relatados textualmente, sino desde su carácter simbólico. Desde el psicoanálisis, América Latina se enfrenta a un dilema crucial de su desarrollo social. El complejo de Edipo plantea, según el análisis que sobre Freud hace Lawrence J. Friedman , que el individuo desarrolla una serie de odios hacia su padre del mismo sexo producidos por deseos hacia el padre del sexo opuesto.

Este conflicto se complica en una fase en la que el individuo no sólo odia a su padre del mismo sexo, sino que también lo ama y quiere ser amado por él. En el período final del complejo, el individuo se da cuenta que es demasiado débil para luchar contra el padre poderoso y se aleja de la fijación con el padre del sexo opuesto para identificarse con el del mismo sexo. La solución inadecuada de las vicisitudes del complejo de Edipo puede producir trastornos psicológicos, sentimientos de culpa y la incapacidad para establecer relaciones satisfactorias.

Si tenemos en cuenta que el hombre latinoamericano se enfrentó, ante la llegada de los conquistadores y colonizadores españoles, a un concepto de sí mismo de inferioridad y deshumanización , que posteriormente fue complementado con sentimientos de rechazo hacia su propia cultura, de esta manera, encontraremos pistas acerca de la negación que presenta el latinoamericano frente a sus procesos de hibridación. A la vez, encontramos elementos para entender las teorías positivistas ilustradas que posteriormente planteaban la necesidad de adecuar a América Latina los patrones culturales e ideológicos europeos, dada su supuesta superioridad racial, étnica y ontológica.

Sin considerar las diferentes teorías desde posiciones esencialistas e indigenistas, el carácter latinoamericano muestra paralelos con la leyenda de Sófocles: El desconocimiento de su pasado, la necesidad de conocerlo (aún a costa de su propia desgracia), la verdad revelada y un destino ciego e incierto guiado por un bastón que no acierta a encontrar un rumbo fijo. También, desde la teoría edípica freudiana, encontramos paralelos: El odio hacia la cultura madre , la puesta de sentimientos en conflicto de odio y amor, el deseo de ser reconocido y amado, y el final reconocimiento de la supremacía del padre poderoso que desemboca en la identificación y deseo de ser como él es, que lo convierte en paradigma y modelo ideal.

La concepción de "raza inferior" del latinoamericano es claramente expuesta por Carlos Octavio Bunge al afirmar acerca del origen triétnico del latinoamericano: "De allí que las diversas mezclas raciales no puedan salir mucho mejores: los mestizos carecen de sentido moral y estabilidad psíquica, los mulatos son falsos, impulsivos y petulantes" . También, Jorge Larraín Ibáñez, citando a Alberdi dice:

"Es necesario incrementar el número de nuestra población, y lo que es más, cambiar su condición en un sentido ventajoso para la causa del progreso. En América gobernar es poblar, y la población debe buscarse en la inmigración espontánea, atraída por las acciones de las leyes, gobiernos e individuos, de razas vigorosas y superiores que, mezclándose con la nuestra, traigan ideas prácticas de libertad, trabajo e industria. No promovamos, opongámonos a la inmigración de razas inferiores"

Esta serie de teorías positivistas ilustradas niegan la identidad del hombre latinoamericano, mientras rechazan el carácter híbrido de nuestra cultura. Tal posición, excluye y reafirma un nuevo modelo edípico de comprensión de identidad para América Latina.

Edipo en América Latina

Latinoamérica es un concepto, una abstracción, un conglomerado de culturas, símbolos e instituciones que encuentran validación únicamente en los individuos, pues son los hombres quienes crean la cultura y la trasmiten de generación en generación. De allí que se afirme que la cultura se construye, y desde la cultura se puede responder a la pregunta sobre la identidad. Gustavo Quesada afirma: "Ese conjunto de enlaces simbólicos articula y le da coherencia a los distintos niveles y segmentos del todo social y permite que cada individuo, inserto en él, pueda responder a la pregunta por su identidad de modo consistente"

Como son los individuos quienes deben responder a esa pregunta, se ven expuestos a conflictos psicológicos que, entendidos desde el complejo de Edipo, revelan una Latinoamérica que no ha podido responder adecuadamente la rivalidad frente a su cultura madre. Al no solucionar este enfrentamiento, se presenta una fase de negación frente a su propia cultura y le produce un conflicto de ambivalencia: odio y amor. Este sentimiento es tan fuerte que muchas veces no nos damos cuenta que existe. Para entenderlo, recordemos que a España se le ha llamado "La Madre Patria", y como toda madre, exige respeto de sus hijos. Este respeto impone a sus hijos la limitación de juzgar sus actos y actitudes, hayan sido buenos o malos, apropiados o inapropiados, satisfactorios o insatisfactorios.

La ambivalencia se presenta en una fase intermedia del complejo de Edipo, pero debe solucionarse al entender la superioridad del padre poderoso; sin embargo, los sentimientos ambivalentes "se manifiestan fuertemente de nuevo durante la adolescencia, en el paso final del paso de la niñez a la edad adulta" . Entendido este proceso, Latinoamérica presenta, como colectividad, una fase adolescente en la que no se han solucionado los enfrentamientos típicos de la fase edípica; en su lugar, se pasó a la identificación insatisfactoria con el modelo europeo materno cultural.

Así como la teoría freudiana establece que un individuo que no ha roto el vínculo de fantasía con su madre, "no podrá establecer una relación madura (…), esta lucha representará para él un peligro durante toda su vida. De esta manera [aunque tenga las capacidades], siempre tendrá miedo a triunfar y sentirá la necesidad de vencerse a sí mismo" .

Latinoamérica requiere vencer el cordón umbilical de Europa, aceptar su carácter híbrido, entender sus procesos de aculturación como históricos e inmodificables, su destino sin fatalismo, y, habida cuenta del determinismo, dejar de lado su búsqueda esencialista para comprender su identidad como construida por la totalidad de influencias y procesos históricos a los cuales se ha visto expuesta.

El ciego y errante Edipo, de Sófocles, encuentra la paz y el descanso que requiere para sus días finales. Ha deambulado por diversos parajes después de conocer la causa de su desgracia, sólo después de aceptar su origen, encuentra asilo y muere en otra tierra . El destino de América Latina puede ser entonces el seguir reflexionando sobre su origen, vagar en teorías y supuestos (como lo hace ahora) demostrando una identidad sin identificación o aceptar su origen sin esencialismos y dar por terminada la discusión sobre su identidad para así dedicarse a la solución de sus problemas más apremiantes.

25, sep | 3 comentarios Posteado por: Alejandro En: Ensayos compártelo Tags: edipo en america latina, identidad latinoamericana, destino de america latina

SAN CAMELLO

Un santo en el Cementerio Central

La tumba de Leo Kopp, el fundador de Bavaria, es visitada en el Cementerio Central de Bogotá por múltiples devotos que hacen fila para hacer sus peticiones porque, aseguran, consigue trabajo.

Por: Alejandro Parada T

Leo Siegfried Kopp, tres metros adentro de tierra, bajo la losa fría, con sus huesos desnudos y roídos por el paso de la muerte, no deben tener la menor idea de lo que pasa allá arriba: Muchos lo creen santo.

Llueva, truene o relampagueé, Ana Matilde Parada de Ortega, una mujer de cerca de 50 años, va todos los lunes a visitar la tumba de Leo Kopp en el Cementerio Central de Bogotá. A veces está de buenas: la fila no es tan larga. Espera tranquila, no se inquieta a pesar de ver que tantas personas le piden con susurros sus deseos a la oreja izquierda de la escultura. Unos se demoran cerca de cinco minutos, otros menos. Tantas peticiones podrían hacer olvidar a Kopp la de Matilde, pero ella tiene su secreto para evitarlo: le habla por la oreja derecha.

Como las leyendas, la gente se entera de Kopp por el voz a voz. El mito crece cuando a alguien le llega un papel con la oración que algún devoto escribió para su eterno descanso y que se vende a las afueras del cementerio por quinientos pesos. El mito crece cuando por casualidad alguien ve la fila y se acerca a preguntar de qué se trata. El mito crece cuando se ve la tumba, el mausoleo y la estatua llena flores, el mito crece cuando afirman que sí cumple.

San camello

Orfelina Miranda, una chocoana de 63 años, lo visita porque necesita trabajo. Está haciendo la novena, nueves días de visita y oración, que le prometió para que la saque de su apuro. Se enteró de Kopp porque enterró a un familiar cercano en este cementerio y vio la larga fila. Aunque es la primera vez que está haciendo la novena, le está entregando toda su fe, las demás personas en la fila se lo confirman: trabajo sí da.

Mientras la gente hace fila, Carlos Gutiérrez, empleado de la compañía de vigilancia que tiene bajo su cuidado el cementerio, observa acostumbrado. Ya no le causa admiración, todos los días ve las filas de esperanzados desocupados (aunque dice que los lunes, por ser el día de las ánimas benditas, es mayor la romería) de todas las clases sociales. Según él, este es un país de desempleados, y como Kopp regaló todas sus pertenencias a los más pobres al final de sus días, pues por eso la gente le tiene fe.

Para Clara Inés Pinzón, un ama de casa de 46 años, él fue un hombre que sufrió mucho cuando vivió. Por eso, como un mártir, Dios le dio el don de conceder deseos a través de él. Es fiel devota, hace ya varios años que lo visita, le lleva flores, pequeños ramos que compra en la entrada y que descuadran un poco su presupuesto. Aún así, lleva varios años acercándose los lunes para pedir por sus necesidades. También, a veces, va con su “amistad”, la amiga que le contó de Kopp y que no deja tampoco de frecuentarlo.

¿Quién era Kopp?

En qué momento se hace este alemán a la devoción de las personas como un intermediario divino no es algo muy claro. Algunas pistas se pueden encontrar en saber que fue en 1891 el fundador de Bavaria —inicialmente Bavaria Kopp’s Deutche Bierbraverei— y se caracterizó por ser un hombre bondadoso. Prueba de ello fue el barrio Unión Obrera —hoy La Perseverancia— construido en terrenos que fueron comprados por Kopp a la sociedad Fergusson Noguera y Compañía en 1889 y luego vendidos a sus obreros para construir y levantar sus viviendas mientras eran descontadas de sus salarios.

Además, fue el hombre encargado de introducir para su empresa y en Colombia un concepto profesional del que no se había tenido registro: el “maestro” cervecero, un conocedor de todos los secretos de la cerveza que dio una visión diferente para posteriores negocios y empresas del país. Bajo su tutela, creció la empresa y el desarrollo socio-económico, se marcaron las rutinas bogotanas junto al horario de sus trabajadores con la sirena que bramaba a las 6 de la mañana y las 5 de la tarde. Aunque los Kopp salieron de Bavaria en años de la segunda guerra, después de un fideicomiso del gobierno, la cervecera siguió su crecimiento y se consolidó como la empresa más antiguas y poderosas del país. Tal vez por eso o por haber industrializado el proceso del líquido que tantas alegrías sigue dando a nuestra clase trabajadora, Leo Kopp se convierte en mito, beato sin beatificar, cumplidor de milagros y deseos del Cementerio Central.

El hombre detrás del santo

Una maestra de sociales y matemáticas que vive en Bogotá llamada Yuly F. Kopp, es la tataranieta del difunto milagroso. A sus 26 años de edad, sabe de su tatarabuelo que fue un hombre bueno, que al morir le regaló una casa en el barrio La Candelaria a un mayordomo y un ama de llaves que estaban a su servicio y que facilitó la construcción de vivienda para sus trabajadores; pero de ahí a santo… pues el camino es largo.

Como cualquier hombre de carne y hueso tuvo errores, para ser exactos, uno fuera del matrimonio que recibió por nombre Daniel. Esto por supuesto no demerita en lo más mínimo la veracidad o falsedad del poder de su intermediación, eso queda para la Congregación para la causa de los Santos —con sede en Roma— el determinar, por si algún día a alguien se le ocurre, proponerlo para la beatificación. Yuly conoce la estatua, ha visitado el cementerio, aún así, afirma no haberse acercado nunca a alguna de las orejas de la figura para pedirle a su antepasado la realización de algún milagro. Para ella, fue un hombre, un poco mujeriego, pero si la gente le tiene tanta fe, pues es su asunto, al final de cuentas es cuestión de cada cual.

Otras posiciones

Para el religioso pasionista Martín Díaz, sacerdote encargado de ofrecer la misa los días lunes en el Cementerio Central y testigo de las romerías, Dios se manifiesta a través de las personas, pero es Dios el único que puede realizar milagros. “La devoción popular hacia Kopp se basa en la generosidad que mostró en vida pero no tiene ninguna base aceptada oficialmente. Aunque la Iglesia no aceptaría esta clase de manifestaciones, uno como hombre, no puede negar u oponerse a lo que cree la religiosidad popular”, afirma.

Colombia, sin embargo, es un país con muy pocos santos, ocho para ser exactos: Luis Arturo Ayala Niño, Esteban Maya Gutiérrez, Rubén de Jesús López Aguilar, Melquíades Ramírez Zuluaga, Juan Bautista Velásquez Peláez, Gaspar Páez Perdomo, Eugenio Ramírez Salazar y Mariano de Jesús Eusse y Hoyos, más celebre como el "Padre Marianito". Ante este panorama, algunos podrían considerar que San Cayetano, patrono del trabajo, podría necesitar una ayudita en nuestro país.

25, sep | 2 comentarios Posteado por: Alejandro En: Reportaje compártelo Tags: leo koop, san camello, fundador bavaria, trabajo, santo

DANIEL EL BARROCO

ENTREVISTA / SAMPER OSPINA Director Revista SOHO (Colombia)

Por: Alejandro Parada Torres

Daniel Samper Ospina no vive rodeado de modelos desnudas. Vive y duerme en la casa con su mamá. Decir que el director de la revista SOHO no duerme rodeado de mujeres “empelotas” sería como pensar que Hug Heffner —el dueño de Play Boy— hace votos de castidad en su mansión llena de conejitas. Sin embargo, eso habla del verdadero Daniel, un hombre a veces desordenado y despistado, que se ha ganado una fama que en realidad no quiere. Trabaja con lo liviano, pero no es un hombre light. Es más bien un escritor sensible, un poeta, un trascendental, es un clásico barroco que vive en la dualidad.

Confinado a un vestido de paño

El hombre que vestía de jean y mocasines, que escribía para Cromos, El Tiempo y Credencial, que estudió literatura en la Javeriana (con una escala en Derecho); que fue profesor de literatura en el Gimnasio Moderno, que estudió Literatura del Barroco Español y Literatura Latinoamericana del Siglo XX en Harvard y que inevitablemente muchos asociaban con los apellidos Samper Pizano, criticaba lo ligth, detestaba las reuniones sociales, no sentía la presión de las cifras del P&G de una asamblea, cuando desde chino odiaba las matemáticas.

Claro, eso era antes de convertirse en esa especie de director técnico de SOHO, el hombre y encargado de que en cada número de la revista se reúna un equipo titular de estrellas. “Algo así como el Real Madrid de las revistas, encargado de liberar los pases para un partido homenaje”, afirma.

Antes de aprender de ritmos, de saber cuándo ir al ataque y cuándo retroceder en la parte fotográfica; antes de entender que el mercado de las revistas es un campeonato, mientras cada edición es un partido que se debe jugar tácticamente, antes de todo esto, Daniel no estaba confinado a un vestido de paño. Hoy, sin embargo, esa prenda hace parte de su ritual, de los sacrificios que debe hacer quien lleva sobre sí la dualidad de manejar el mundo de lo light desde la cultura, de sobrellevar esa vida de claro oscuros, de extremismos, que lo que realmente quiere es desarrollar un proyecto de periodismo literario en Colombia, pero que sabe usar un cascarón de piel y sensualidad que le permite, además, llevar otro tipo de mensajes.

Por eso muchas cosas no se saben de Daniel, como qué piensa de su imagen de gentleman, como que prefería ser futbolista o que comenzó a hacer periodismo a los doce años. Tampoco que su afición por los sonetos lo impulsó a estudiar literatura barroca o que de adolescente le escribió a Ernesto Sábato; además, que con justicia ha hecho un camino alejado del de su padre y que espera que se le recuerde por otras cosas en el área profesional.

Ese desconocimiento es, por ahora, el precio que debe pagar por su sueño: llevar una revista más allá de lo que se esperaría y hacerla famosa por encontrar nuevas formas de hacer periodismo, de descubrir no sólo la piel de las modelos sino la realidad de un país.

El Play Boy

— ¿Qué opina de esa imagen de play boy que se ha creado entorno suyo?

"Yo no sé si esa imagen es buena o mala para mí, lo único que sé es que no es fiel a la realidad. Qué daría yo,  ¡imagínese!, por andar rodeado de mujeres en vez de andar en fútbol con mis amigos...

En medio de todo —reconoce Daniel—, esta imagen es un poco rara.

“Estoy seguro que a la directora de Dinero no le tienen fama de andar con banqueros para arriba y para abajo. Tampoco Alejandro Santos tiene fama de andar con políticos, paramilitares, mafiosos o cualquiera de las fuentes que tiene que cubrir. Las modelos, en cambio, despiertan una cosa en la gente que les hace creer que no se trata de un mundo laboral sino de un estilo de vida. Ahora, si fuera cierto, a mí me encantaría tenerlo. ¿O a quién no…?”

Tiene razón. ¡A quién no! Sin embargo, actuando de abogado del diablo, podríamos decirle que tal vez él mismo lo alimenta, que algunas de sus declaraciones públicas contribuyen a esta imagen. “No pretendo ser el Hug Heffner colombiano; primero, porque no uso bata de seda, segundo, porque no vivo en una mansión llena de mujeres (lujo que sólo se podría dar algún “traqueto”) y tercero, porque no tengo setenta años…”, menciona. 

Futbolista o policía

De niño, Daniel Samper Ospina tenía otra dualidad: quería ser policía o futbolista. Para fortuna de todos, su primer sueño se quedó en ser amigo de los policías de la cuadra. Aunque el segundo se frustró, aún hoy, si pudiera elegir, sería jugador de fútbol. Por supuesto, eso sería si se le garantiza el éxito, porque para nada lo haría si la oportunidad está en ser marcador de punta de un equipo de segunda; para esas gracias, se queda con la difícil tarea de supervisar las sesiones fotográficas de la revista.

Después de tener un bisabuelo escritor, un abuelo, un padre y una hermana periodista, “por desgracia —dice él—, porque si hubiera tenido una familia empresaria, otra sería mi historia”, su relación con el periodismo le llegó de forma natural, casi instintivamente.

La Expresión

Con esa vena informativa, la vida de los Samper Ospina estuvo bajo la presión de Daniel mientras se encontrara cerca (es decir, todo el tiempo). A los doce años Daniel sacó a circulación un periódico doméstico que se ocupó de rescatar la vida de su familia. "La Expresión" resultó ser una publicación con un tiraje de unos… once ejemplares, que Daniel vendió a los amigos de su papá. “Era carísimo”, recuerda.

La paz de la familia y el interés de Daniel no causaron problemas hasta que Antonio Caballero, periodista y amigo de la familia, le compró un ejemplar. En una carta dirigida al imberbe periodista, Caballero alentaba sus maniobras, pero le criticaba de manera angustiante el haber caído en “el mismo oficialismo tímido de la prensa nacional”.

Después de esta urgente reflexión, "La Expresión" se convirtió en un feroz periódico de oposición al régimen paternal. No perdía entonces oportunidad para denunciarlo; dicha presión se mantuvo contra su padre Daniel hasta en los momentos en que se encontraba en calzoncillos, viendo el fútbol tirado en su cama, cuando encontraba el momento propicio para tomar la fotografía que serviría de portada en la siguiente edición. La oposición a la autoridad, esa que aún le causa tanta aversión y le produce auténticas pataletas —comparable con lo que siente hoy por Álvaro Uribe Vélez—, le hacía llevar sus investigaciones hasta la droguería más cercana en búsqueda de pruebas para denunciar a su papá. Tal vez la compra de una crema para las hemorroides o cualquier tipo de acto impropio aparecería seguro en la siguiente edición. Por esto hoy, ya adulto, en las columnas de opinión que escribe para otros medios de comunicación, Daniel dice tratar de ser crítico y “darse palo a sí mismo. Si no, con qué autoridad se puede hablar”.

"Chonetos Barrocos"

Marcel, haciendo honor a su nombre, fue el Ángel que, como maestro, influenció profundamente a Daniel para que estudiara Literatura del Barroco Español. “Él me presentó la literatura de una manera existencial, como una necesidad, afirma; pero en especial me introdujo en los sonetos”. Un juego de composiciones de versos endecasílabos, con rima consonante y de probada perfección, con la particularidad de ser muy vulgares y usar la letra ch, se entabló entre profesor y alumno, como resultado de haberse iniciado Daniel en la lectura de Pietro Aretino.

Además de Aretino, Daniel encontró su tabla de salvación en Quevedo, Lope de Vega, Calderón de la Barca, y otros autores que le cayeron como anillo al dedo de su personalidad dual, barroca y de extremos emocionales: “el desencanto, la conciencia de la fugacidad del tiempo, y otra cantidad de cosas hicieron que yo me identificara con esta época. Habrá gente que se identifique con los poetas malditos y esa poesía oscura y terrible... Yo me identifico más con esa mezcla de vida y muerte, la luz y la sombra, el desengaño, estar ilusionado y descubrir que todo era mierda...”.

Entre héroes y tumbas

Mucho más adepto a Vallejo que a Neruda, Samper Ospina piensa que la literatura tiene una misión existencial. Cuando vivió en Boston (Massachuset), siendo un adolescente, alguna vez tuvo noticia por la prensa local de que Sábato, el autor de Sobre héroes y tumbas, se estaba muriendo de hambre. Este libro, según cuenta, le había salvado de una crisis después de una pena amorosa; como se sentía en deuda, se consiguió la dirección de Sábato y le envió una carta. La extensa carta le relataba al escritor cómo, en medio de la difícil situación por la que atravesaba, quería que él supiera que su libro le había salvado la vida a un muchacho que él no conocía. Quería darle las gracias y solidarizarse con su dolor ante la infamia con la que paga el mundo. Para su sorpresa, Sábato le contestó. En pocas líneas, la carta le explicaba que los medios exageraban. Aunque sí pasaba por un momento difícil, no se iba a morir de hambre. Finalmente le decía que la literatura sirve para no morir de angustia y que uno puede morirse de hambre…, pero no de angustia. “Allí entendí cuál es la finalidad de escribir”.

El otro Daniel Samper

Para algunos no es claro, pero el otro Daniel Samper, el Ospina, el director de SOHO, ha hecho un camino propio lejos de su padre. “Es inevitable que sienta un peso psicológico. Lo sentiría aún si él fuera veterinario. Pero más si hace lo mismo que uno y más si se llama igual que uno. Es un drama de identidad. Así que descubrí que mi misión no era ser como él ni igualarlo a él, sino, como siempre digo, alcanzar mi propia estatura, conseguir mi propia voz”.

Aún así, la gente siempre hace un paralelo y dice: “tú tienes sentido del humor como tu papá, o tu papá es mucho más divertido que tú”. Aunque siempre van a haber comentarios de ese estilo, lo importante es que Daniel ya lo tiene resuelto: “ni tengo el sentido del humor de mi papá ni me interesa tenerlo, me interesa tener mi sentido del humor y reírme de lo que a mí me causa risa. Es hacer una especie de grito de independencia frente a él”. No falta quien dice de Daniel Samper Ospina que ha llegado a donde ha llegado por tener el apellido de su papá. “Lo cual me parece injusto. Si alguna vez Felipe López pensó en traerme porque mi carta de presentación era ser hijo de mi papá, creo que los resultados que he dado en SOHO durante casi cuatro años, harán que alguna vez yo lo traiga a él bajo la carta de presentación que es mi papá. Creo que el éxito de SOHO me lo debo a mí y no a nadie y más”, y las cifras de ventas le dan toda la razón.

Un paso dentro de muchos otros

De Samper Ospina escribió Germán Santamaría , que será “recordado por haber desnudado a todas las mujeres bellas de este país”.

— ¿Cómo quiere que se le recuerde en el futuro?

Tengo la absoluta certeza que SOHO es un paso, dentro de muchos otros, que daré. Esto tiene un poco de esa cosa obvia de que lo asocien a uno con la fuente que cubre, que en mi caso es el modelaje. Pero aspiro a no ser recordado por esta fase sino por muchas cosas más. Por lo pronto, mi intensión laboral más importante es hacer un acercamiento entre el periodismo y la literatura. Darle un espacio en el periodismo a los escritores literarios y encontrar técnicas para cubrir la realidad y hacer periodismo. — ¿Por qué el director de SOHO, con toda la carga que eso implica, aún vive en casa de su madre?

Por una razón absolutamente práctica que, creo, hace parte de las nuevas generaciones que ya no tienen la urgencia de salir de casa para poder “tirar”. Yo nunca he tenido la urgencia de salir porque la relación con mi mamá es maravillosa, es como si fuera mi hermana mayor. Por otro lado, en todos estos años he ahorrado mucho y ahora en tres meses me entregan un apartamento propio, así que saldré de mi casa para mi propio lugar.

Esperando a Godot

Por ahora, las mujeres desnudas, seguirán colgadas de los retablos de las portadas de SOHO que decoran las paredes de la oficina de Daniel Samper Ospina…, mientras llegan las de carne y hueso y lo conocen a él, el director de la revista, el hombre desordenado y despistado, pero nunca light, el mismo que tiene alma y pluma de escritor sensible, poeta, trascendental, y que sigue Esperando a Godot mientras sobrevive al mundo barroco de la dualidad.

Bogotá D.C., abril 12 de 2005.

 

18, ago | 2 comentarios Posteado por: Alejandro En: Entrevista compártelo Tags: director revista soho, daniel samper ospina, entrevista, barroco, soho

LOS ESPANTOS NO SON TANTOS

CRÓNICA/ TESTIMONIO DE UN ENCUENTRO EN EL CEMENTERIO CENTRAL

El Cementerio Central de Bogotá es uno de esos lugares a los que uno debe tratar de ir por voluntad propia y preferiblemente en una ocasión diferente a la definitiva; es decir: entrar y salir a pie. Si se le ocurre ir a apreciar la arquitectura, a pedir trabajo a Leo Kopp, a ver las tumbas de algunos de los más célebres colombianos o a ver fantasmas, preste atención, es muy probable que lo consiga.

Por Alejandro Parada T

Hoy, la verdad, si uno se quiere asustar, pues va al cine, alquila el Exorcista (la primera versión), sale a caminar por la Caracas con 22 a las 11:00 de la noche, mira los extractos de la cuenta corriente o lee los vaticinios de lo que le pasará al país con la firma del TLC. Eso, de por sí, aterra a cualquier colombiano. Lo que uno no espera encontrar hoy —en serio— al visitar un cementerio es una historia de espantos. Esto, sin embargo, puede o no ser. Juzgue usted.

Las cadenas

Esta historia de “horror” tenía varios elementos de tipo fantasmal (o algo así). Sucedió un martes en la tarde, día y horas en las que el cementerio no recibe muchas vistas pues casi todos prefieren ir el lunes. Tal vez por un mal consejo, se me ocurrió visitar el cementerio aquella tarde. Entre bóvedas y mausoleos vi a un hombre de lentes oscuros que caminaba apurado y retiraba unos pequeños papeles que estaban puestos de manera cuidadosa en las fisuras de las lápidas.

Les juro, si ustedes hubieran estado allí, les abría generado la misma sensación: vestía de café claro, zapatos blancos, maletín negro y chaleco azul… Eso hubiera asustado a Lina Cantillo, Silvia Tcherassi o Carlos Pava, no a mí, pero guiado por una fuerza extraña, tuve que tomar uno de esos papeles para leer su contenido.

La maldición fue contundente: “tiene nueve días para hacerlo, de lo contrario, una desgracia caerá sobre su hogar”. Para no hacer recaer a los lectores de este texto la misma maldición a la que me enfrenté, me limitaré a relatar que se trataba de una cadena de oración que imponía como pena la elaboración de quinientos papelitos similares, que debían dejarse en quinientas tumbas (también similares) para poder pedir tres deseos (ojalá no el mismo), so pena de la mencionada calamidad doméstica.

Como yo estoy acostumbrado a las cadenas de Internet, pues, no le paré muchas bolas… Boté el papel con un gesto sobrador. Hasta allí iba bien, pero me entró la 'dudita' y preferí alcanzar al tipo de gafas oscuras para preguntar…, por si las moscas:

— Disculpe señor…, como le parece que yo lo vi quitando esos papelitos y me dio por leer uno. Ahora no sé que hacer…

El tipo me miró con cierta lástima y me dijo:

— ¡Noooo hombre… La embarró! Ahora tiene que hacer lo que dicen los papeles, si no…

— ¿¿¿Si no qué???

Mi susto debió ser mayúsculo desde que el hombre bajó el tono y me aconsejó olvidar el asunto. Le pregunté si a él le había pasado algo malo por no cumplir con las indicaciones. Me respondió negativamente, sin embargo, por lo que pude sospechar, ya había tenido que hacer los quinientos papelitos.

Encuentros cercanos

Decidí olvidar el asunto y disfrutar del recorrido con más tranquilidad, no estaba para aceptar maldiciones un martes por la tarde. Como ya me habían contado que don Leo Koop es célebre por conseguir trabajo, caminé en la búsqueda de esa tumba para… verla, ¿en este país quién necesita trabajo?

Di vueltas un buen rato hasta que me encontré con una mujer de unos 20 años. La vi de lejos. Caminó lentamente hacia mí. Me miró. La miré. Cuando estaba cerca de mí, me di cuenta de un pequeño detalle que no había visto antes: sus ojos eran opacos.

Eso no me hubiera asustado mucho si no hubiera notado la cicatriz que cruzaba su mejilla izquierda hasta abajo del mentón. Me tranquilizó su sonrisa: dientes puntiagudos y en total desorden. Discúlpenme, podrán pensar que estaba sugestionado, pero ese no es el lugar para que a uno le pasen esas cosas.

Sonreí tímidamente antes de alejarme a paso ligero. Unos metros más adelante volteé a mirar: ya no estaba. Bien. Esto no es señal de nada, me pareció muy “corrida” la 'loquita' y seguí buscando a Kopp. Varias vueltas más tarde llegué al mismo lugar —estaba dando vueltas en círculos— y la volví a ver. Estaba sentada frente al Mausoleo de los Voceadores de Prensa y Lotería de Bogotá…, y leía la revista… Semana.

Sentí una tentación irresistible de acercarme a hablarle…, pero la aguanté al ver que me miró y curvó su espalda como gato erizado. Mostró sus dientes, sacudió la cabeza y volvió a su revista sin otra preocupación. “Definitivamente está muy loca”, dije para mí.

Pasé por la tumba de Koop; por la de Aquileo Parra, ex presidente de la República; Epifanio Garay, célebre artista bogotano; Gustavo Rojas Pinilla, nuestro querido ex dictador; Alfonso López Michelsen, ex presidente de la República; Luis Carlos Galán, frustrada ilusión de este país; y la de Erasmo del Valle, ilustre desconocido a quien van a sacar de su bóveda en sesenta días si su familia no se acerca a la administración a comprobar que son los propietarios de dicho espacio, antes de volver por los predios del Mausoleo de los Voceadores… y la mujer seguía allí. Ahora estaba de pie, con la cabeza gacha y el pelo sobre su cara. Creía que no me había visto, ya que estaba a varios metros, pero de pronto me miró como si percibiera mi presencia. Me congelé cuando levantó su brazo y me apuntó con el dedo índice de su mano derecha. Era algo así como: “tú eres el elegido”.

Reitero: ese no es el lugar para que le pasen a uno esas cosas. Más aún si se considera que no había nadie más en ese espacio diferente a ella y yo. Tomé fuerzas, no sé de donde, y me acerqué. Al fin de cuentas, si era un espanto, un muerto viviente, una loca deschavetada, una estudiante de actuación o tal vez una estúpida broma del programa de televisión También Caerás, tenía que salir de la duda. Caminé decidido —al menos eso creo—, y le hable.

Más allá, más acá.

Miré de nuevo esos ojos opacos y descubrí un ligero sombrado negro alrededor de los párpados.

— Hola… —dije con voz pausada. Ella respondió de igual manera.

—Usted me parece muy rara…

— Usted también me parece raro.

— ¿Viene seguido por acá?

— Algo así…

La conversación se truncó cuando unas pisadas fuertes se escucharon a mi espalda… La mirada de la mujer, que había estado siempre sobre mí, se desvió con una mezcla de susto y sorpresa. Yo, a punto de mojar los pantalones, volteé rápidamente para advertir a un hombre que cruzó sin vernos. Al voltear de nuevo a mirarla me encontré con una sorpresa: ¡no había desaparecido!

Después de tanto misterio, lo mínimo que esperaba era que se desapareciera, me pidiera rescatar algún entierro, me contara sus penas, me intentase llevar a la fuerza hasta una tumba desconocida o me entregara un mensaje del más allá. No pasó nada de eso. Sin embargo, la mujer se acercó a unas flores marchitas que estaban sobre el mausoleo y no me miró más.

Para ser honesto, todavía estaba asustado. Le pregunté su nombre y no me respondió, o dijo algo entre colmillos que no puede descifrar. Me despedí con un “nos vemos luego” y caminé orgulloso de mi valentía de martes por la tarde, de cementerio solitario, de investigador de misterios y exorcista de espantos.

Caminé sólo unos metros antes de arrepentirme de no saber su nombre, crucé sólo unos cuantos panteones y tumbas, me volví de inmediato y la busqué, pero esta vez no la encontré. Recorrí metro a metro la zona en la que estábamos, busqué por cerca de una hora entre mausoleos y tumbas hasta que definitivamente me rendí.

La verdad no tengo la menor idea de si este encuentro podría clasificarse como de primero, segundo o tercer tipo. No tengo la menor idea de si hay espantos, tal vez sea uno mismo quien ve en lo normal sus temores y demonios. Seguramente están en la cabeza. Pero si están, si existen, también caminan por los cementerios los martes por la tarde.

30, jun | 9 comentarios Posteado por: Alejandro En: Crónica compártelo Tags: leo kopp, alejandro parada, cementerio, espantos, cronica, periodismo