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D E S T I N O F I N A L
Las dudas sobre lo que le pasa al cadáver de un ser querido al morir comienzan desde el momento en que se lo lleva la funeraria para ‘arreglarlo’. “¿Acaso tiene arreglo?” pregunta un hombre con humor negro mientras marca las múltiples dudas al respecto. Testimonio de lo que sucede hasta que se entregan las cenizas.

Aún vestían de luto. Las hermanas Torres García se acercaron a la recepción del Cementerio del Norte con los ojos cansados de llorar. Una de ellas sacó de su cartera un papel: el certificado de cremación que les da derecho a reclamar el cofre de Aura Isabel García, una mujer de 74 años que falleció sin decir cuál quería que fuera el destino de su cuerpo al morir. La curiosidad les hace abrir el cofre, corroboran que ahora tienen en sus manos lo único que queda de su ser más querido: un kilo y medio de cenizas. Agradecen con resignación. Justo antes de salir una de ellas se pregunta: “¿Serán las cenizas de mi mamá...?”
La muerte es un proceso tan doloroso y misterioso, que aunque intriga, se desconocen los detalles que rodean el proceso funerario y destino final de un ser querido. Después de que se le ha realizado el certificado de defunción ¿quién garantiza que los restos entregados son del cuerpo en cuestión? Dudas se agolpan también alrededor de lo que sucede después que el cadáver ha sido levantado por la funeraria: robo de órganos, abuso sexual o cualquier otro temor de los familiares frente al manejo del cuerpo es apenas menos angustiante que la zozobra de recibir las cenizas de una persona extraña.
Marcela Silva, directora de Operaciones de la Funeraria Gaviria de Bogotá, dice que los familiares a veces siguen el coche fúnebre, desde que recogen el cadáver hasta que entra a la funeraria, para asegurarse que nada raro ocurra: “cuando entra el coche, descansan...”, afirma. Isabel Cristina Orozco, funcionaria de la misma empresa desde hace doce años, cuenta que es indispensable el certificado de defunción que corrobore médicamente que la persona ha fallecido para levantar el cuerpo, “si alguien venía vivo..., ya no lo estará después de pasar por la mesa de un tanatopráctico”.
Rumbo al Olimpo
Si el alma va en camino hacia los dioses o los demonios, eso no lo sabe Olimpo Cárdenas, que aunque tiene nombre de cantante, se inclinó por la Tanatopraxia. Este tanatopráctico es callado y reservado con su oficio, no tiene amigos, no toma ni fuma. Lleva catorce años al servicio de una conocida funeraria de Bogotá, ejerciendo un oficio para el que no existen muchos candidatos: el embalsamamiento de cuerpos. No tiene pesadillas, se levanta cada mañana con entusiasmo y almuerza con apetito a la hora indicada; para él, es un trabajo como cualquier otro, incluso ‘arregló’ —como comúnmente se le llama al proceso— el cuerpo de un familiar suyo; “en esos casos, uno realiza el trabajo con más amor...”, afirma.
Mientras los familiares se abrazan y dan las condolencias, Olimpo se pone dos pares de guantes de cirugía, una careta para protegerse de los gases y olores, gorro, delantal y botas de caucho, y sintoniza una emisora de música tropical en la grabadora que tiene en el laboratorio justo antes de romper el plástico en el que viene el cuerpo de una mujer de cerca de 30 años, una paciente de la Clínica Marly que murió de infarto cardiaco.
“Quedó como dormidito...”
“Antes del arreglo del cuerpo, revisamos cuidadosamente para asegurarnos que todo esté en su lugar. Si viene de Medicina Legal, generalmente ya le han extraído algunos órganos para donación. Cuando los cadáveres son jóvenes y vienen de clínicas, a veces llegan sin córneas porque los familiares las han donado. Somos muy cuidadosos para evitar problemas...”, cuenta Olimpo, mientras abre con unas pinzas la boca del cadáver que tiene sobre la mesa del laboratorio y comienza a introducir algodón hasta taponar la tráquea. “Esto se hace —dice— para evitar la emisión de olores y fluidos, que empiezan a salir desde el momento de la muerte”. Posteriormente Olimpo corta la vena Iliaca, ubicada en la parte superior de la pierna junto a la cadera, e introduce una aguja conectada a un aparato que bombea formol a medida que sustituye la sangre del cuerpo.
El segundo paso es la hidroaspiaración. Un tubo de aproximadamente 60 cm. de largo, una pulgada de diámetro y una punta filosa que está conectado a un aparato de succión, es introducido en lo que los tanatoprácticos llaman “el bloque” —que en términos corrientes quiere decir la zona del abdomen—. El Hidroaspirador tiene la finalidad de extraer líquidos y fluidos, a la vez que entre crujidos, perfora los órganos internos para evitar la acumulación de gases en el momento de la descomposición o la cremación. Así se reduce la posibilidad de que se inflamen y revienten.

Vista exterior Chimeneas Crematorio del Norte Bogotá
El Sector
Existen cerca de 110 funerarias en Bogotá, pero sólo 58 prestan el servicio de arreglo de cuerpos. Por ello, por parte de la Uesp (Unidad especial de servicios públicos), está en preparación un programa del Distrito llamado ‘Plan Maestro de Servicios Funerarios y Cementerios’ que hace parte del POT (Plan de Ordenamiento Territorial), que se encuentra evaluando todos los aspectos de la muerte y el destino final. Éste, reglamentará la ubicación de funerarias, los requerimientos técnicos de los laboratorios de tanatopraxia; así como el funcionamiento, amoblamientos, parqueos y servicios públicos de cementerios y crematorios.
Bogotá cuenta con nueve hornos crematorios para cadáveres distribuidos así: cinco por parte del Distrito, bajo la administración del Consorcio Renacer (cuatro en cementerio del Norte y uno en el del Sur); uno en El Apogeo; uno en el Jardín Cementerio El Recuerdo y dos en Jardines de Paz.
Según cifras de la Secretaria de Salud Pública, en Bogotá se producen treinta mil muertes al año aproximadamente. En el año 2002 fueron enterradas e inhumadas 17.645 personas en los cementerios del Sur, Central, del Norte y Los Jardines Cementerio (Apogeo, La Paz, El Recuerdo, La Inmaculada). Sólo 8.322 personas fueron cremadas. Los 4.033 restantes se enterraron o inhumaron en pequeños cementerios como el Alemán, el Británico, el Hebreo y los diez cementerios municipales como el de Fontibón, Usaquén o Suba.
Hernán Ortega, gerente del Consorcio Renacer, afirma que manejan el 43.72% del total de defunciones en Bogotá. De éstas, el 60.10% son inhumaciones (sepultar en bóvedas) y el 39.90% cremaciones. Los Jardines Cementerio suman el 51.26% y otros cementerios el 5.02%. El 11.36% son enterrados fuera de Bogotá. La cremación sin embargo va en aumento. Del año 1996 al 2002 el porcentaje de servicios diarios de cremación a incrementado para el Distrito en un 43.29%, hoy Renacer presta un promedio de servicios de 17.37 cuerpos diarios en cada uno de sus cinco hornos.
“Una de las razones en el incremento de servicios de cremación por parte de Renacer, es el desplazamiento de los estratos 4 y 5 a los servicios del Distrito. Además las personas se están haciendo conscientes de que la cremación es mucho más práctica, más barata y genera menor contaminación ambiental”, dice Ortega.
Los cinco hornos crematorios del Distrito funcionan con gas natural, a un costo promedio mensual de dieciséis millones de pesos. Son necesarios 32 mtr3 para la incineración del cuerpo de un adulto, lo que le cuesta al consorcio $17.800. Los demás hornos crematorios de Bogotá funcionan con gas propano; se requieren 22 galones para la incineración de un cuerpo a un costo de $44.000. Esto explica la diferencia en el costo del servicio entre el Distrito ($190.900 adultos y $95.400 niños menores de cinco años), y el de los Jardines Cementerio ($600.000 en promedio). Las tarifas son aprobadas por la Uesp y se incrementan anualmente de acuerdo al IPC (Indice de Precios al Consumidor).
Aunque aún funcionan en Bogotá los primeros hornos importados de los Estados Unidos, marca Old Cremator, se fabrican, usan y exportan hornos de cremación de cadáveres hechos en Cali por la firma TKF (bajo licencia norteamericana). El costo de un horno con todos sus aditamentos llega a los ciento veinte millones de pesos. Está formado por tres cámaras: combustión, post combustión y decantación de partículas. Las chimeneas tienen una altura mínima reglamentada para emisión de gases en 15 m. y está controlado por el DAMA (Departamento Administrativo del Medio Ambiente), quien periódicamente realiza controles isocinéticos de contaminación.

Horno crematorio frente

Operario revisa el proceso
Al pasar la portezuela
Los mitos sobre lo que sucede cuando el cofre cruza la portezuela —con los restos de un ser querido dentro para ser cremado— “son comunes debido al misterio que encierra el no ver que el cajón se introduce en una bóveda o es cubierto por la tierra. Por nombrar algunas cosas, se dice que se creman varias personas a la vez y al final se dividen las cenizas en varias bolsas de manera indiscriminada. Otros, dicen que se les quita la ropa, se trituran antes de la cremación para que los huesos se quemen más fácil..., en fin; hasta dicen que algunos llegan vivos y quisieron levantarse al estar dentro del horno...”, cuenta Carlos Rojas, administrador del Crematorio del Norte, en dónde existe el mayor movimiento de cremaciones debido a que funcionan simultáneamente cuatro hornos, los trescientos sesenta y cinco días, en un turno de seis de la mañana a seis de la tarde.

Cola de espera para cremación. Desprendibles de identificación en la portezuela.
La funeraria Los Olivos Bogotá actualmente prueba un sistema de cajas de cartón que recubren interiormente los cofres mortuorios —que son apenas perceptibles para los deudos— y que permite extraer el cuerpo del cofre de madera sin manipularlo ni exponer a los operarios a enfermedades contagiosas. Sin embargo, la única opción que ofrece Los Olivos para los casos de cremación es el alquiler de cofres.

Cremuladores. Bandejas con restos después de salir del horno crematorio.
Entre setenta y noventa minutos tarda el proceso de cremación, a temperaturas que van de 800° C a 1200°C. Durante este tiempo, el calor hace que los músculos y tendones se contraigan —por eso algunos cuerpos dan la impresión de querer levantarse—. Por una ventanilla el operario sabe en qué momento el proceso ha terminado. En seguida introduce una especie de rastrillo utilizado para unir los restos de los huesos calcinados, apaga el horno y espera de que baje la temperatura.
Una vez realizada esta labor, se recogen los restos en una bandeja que posee cada horno. Se llevan, junto con el desprendible de identificación, al Cremulador —un molino que se encarga de reducir a granos los huesos que aún tienen un tamaño medio—. Luego, se pasa un magneto sobre los restos con el fin de extraer residuos metálicos (tales como prótesis, clavos y tornillos) que el cuerpo pudiere tener por uno u otro motivo. Las cenizas, en realidad granos color blanquecino, caen a un depósito dentro de la misma máquina para ser empacadas y selladas manualmente, junto al desprendible de identificación.

Magneto es pasado sobre los restos para extraer pedazos de metal. Desprendible de identificación.
Las cenizas ya empacadas pasan en bolsas selladas a la bodega para ser introducidas en los cofres cenizarios. Cuando se presenta el caso de que la familia sea muy pobre como para pagar el valor de este cofre, las cenizas se entregan en una doble bolsa oscura sin marcar. “El proceso es bastante seguro, aunque no 100% confiable. Las posibilidades de que haya una confusión, existen por ser un proceso manual; sin embargo no se han presentado hasta ahora ningún reclamo”, afirma Hernán Ortega, gerente del Consorcio Renacer. Ortega ha pensado en la manera de mostrar claramente al público que este proceso es estricto y respetuoso, “se pensó en instalar una cámara de video para que los familiares del difunto pudieran seguir el cuerpo hasta el horno en un sistema de circuito cerrado, pero se descartó rápidamente por dramático. Además se pensó en poner una placa de identificación a los cuerpos —parecida a la de los militares— pero no presta ninguna garantía diferente a la del sistema de desprendibles con el que contamos. Si a alguien se le ocurre una buena idea, que me la haga saber...”.

Restos empacados y sellados a espera de ser llevados a bodega.
Carlos Rojas, administrador del Crematorio del Norte, afirma que la única confusión que raras veces se presenta es debida a homónimos. En ese caso, se deben consultar los libros de registro para confirmar quiénes son los verdaderos deudos. Los servicios de cremación son incrementados además por la incineración de ‘Restos fúnebres’; cuerpos que no han terminado de descomponerse al ser exhumados.
Gustavo Prieto, operario del Crematorio del Norte, lleva veintidós de sus 47 años realizando la tarea de cremar, cremular y empacar las cenizas. “Aquí no pasa nada raro, no asustan ni he visto fantasmas.”. Ex trabajador de la desaparecida Empresa Distrital de Servicios Públicos (EDIS), Gustavo se alegró cuando fue asignado a esta dependencia porque le significó un ascenso al cargo de ‘escobita’ que antes desempeñaba. Al preguntársele, no sabe cuántas personas ha reducido a cenizas; sin embargo, recuerda con nostalgia el cuerpo de una de sus propias hijas, que él mismo incineró. “Le temo a la muerte, pero no a lo que pasa con el cuerpo después de muerto”, concluye.
Asunto: Cenizas No Reclamadas por Parte de los Deudos
Cerca de cincuenta cofres no reclamados reposan hoy en las bodegas de la Funeraria Gaviria; el más antiguo pertenece a un hombre que murió en 1996. “Los familiares no reclaman en algunas ocasiones las cenizas. Hace un tiempo nos pusimos en la tarea de llamar a los familiares y conseguimos que reclamaran muchos cofres, sin embargo, hoy no sabemos qué hacer con los que no han reclamado. No tenemos corazón para meterlos en una bolsa y que se los lleve el servicio de recolección de basuras. Es un compromiso moral que mantiene La Gaviria”, dice Marcela Silva, Directora de Operaciones.

Estantes con cenizas sin cofre cenizario.
Para el mismo caso en el Crematorio del Norte, no pueden almacenar dichas cenizas debido a que cerca del 30% de éstas no son reclamadas mensualmente. “Esperamos un mes, que por ley está reglamentado, y procedemos a hacer un inventario que relacionamos en un memorando bajo la referencia “Cenizas no Reclamadas por los Deudos”, posteriormente las enviamos al monumento de cenizas que está ubicado en Matatigres. Allí reposan más de tres toneladas de cenizas sin reclamar”, cuenta Carlos Rojas, quien además revela que muchas personas pagan la cremación y advierten que pueden hacer “lo que quieran” con la cenizas, porque no las reclamarán.
¿Por qué no las reclaman?
La psicóloga María Fernanda Vence, docente de la Universidad de Los Andes, dice que se pueden analizar estos casos desde la óptica de la pérdida del ritual del duelo al que nos estamos acostumbrando. “En las ciudades, a diferencia de los pueblos, se perdió la costumbre del luto. En la costa, por ejemplo, una mujer que perdió a su esposo sigue vistiendo de luto, incluso, veinte o treinta años después del fallecimiento. En nuestras ciudades todo se ha vuelto ‘seamos prácticos’. Las cenizas son para algunos un estorbo que no dice nada, porque la identificación con el otro se pierde, las personas dicen ‘ésto no es a quién yo quise’. También es posible que se trate de cenizas de ancianos. Generalmente los ancianos son considerados un estorbo en nuestras sociedades”.

Estantes con cenizas dentro de cofre cenizario.
Curiosamente, la facilitación del duelo, el desprendimiento frente a los restos mortales, es uno de los argumentos que las funerarias adjudican a la creciente aceptación de la cremación. Alberto García, director de Servicios de Funerales Los Olivos Bogotá, dice que de los 780 servicios que manejan aproximadamente al mes, cerca de la mitad escogen la cremación. “La gente está optando por este sistema porque, además de económico, es más fácil de aceptar que el ser querido ya no está...”. Alberto, sin embargo, guarda en su casa un jarrón con las cenizas de su padre: “no tengo ya ningún cariño especial por esas cenizas. Mi esposa me pregunta cuándo voy a salir de ellas, yo la verdad no sé”.
Marcela Silva, de la Funeraria Gaviria, dice que el 90% de los servicios que prestan, son de cremación. “Los estratos socioculturales altos optan cada vez más por ella porque es menos traumático para los familiares. Cuando el fallecido está enterrado o inhumado, se vuelve un ritual de domingo visitar la tumba; esto retarda el proceso de aceptación, los apegos hacia el ausente se hacen más dolorosos”.
Las religiones y la cremación
La cremación tiene sus orígenes en la antigüedad. Entre los años 1400 a.C. y el 200 d.C. era considerado como el rito funerario más común; especialmente entre la aristocracia romana y la familia imperial. Hasta el siglo XIX, las doctrinas cristianas prohibían la cremación porque se pensaba que si se destruía el cuerpo, éste no podría resucitar.
Solo desde el Concilio Ecuménico de 1.962, la Iglesia Católica autorizó la cremación. Acerca de ésta, el padre Eduardo Castro, párroco de la Iglesia de Nuestra Señora de Lourdes en Bogotá, dice: “Estoy de acuerdo con la cremación, siempre y cuando se tenga respeto por el cuerpo. Yo, de hecho, quiero que me cremen.”
El pastor Gerardo Garzón, de la Iglesia Adventista del Séptimo Día, expresa: “El cuerpo es una morada temporal, no tenemos objeción al respecto”. Neenia Parada, de la Iglesia Evangélica Luterana, opina: “Es un proceso higiénico, respetamos la posición de cualquier persona”. Wilson Martínez, arzobispo misional de la Iglesia Gnóstica Universal, afirma: “La preferimos sobre cualquier otro destino final. Para nosotros, el fuego purifica y nos desliga de lo terrenal”.
En cambio Hilda Demner, de la Comunidad Hebrea, dice que la cremación está totalmente prohibida entro de los ritos del judaísmo: “La Torá lo prohibe. El cuerpo merece respeto y debe regresar a la tierra completo. Los cofres que usamos son de madera muy delgada y sencilla para facilitar el proceso natural de descomposición.” Aunque no fue posible contactar a la Asociación Islámica de Bogotá, se sabe que los musulmanes también prohiben la cremación por motivos similares a los del judaísmo.
A todos nos llega la hora final. Crea en lo que crea, la muerte es lo único seguro en la vida. Ahora, que sabe lo que realmente pasará con su cuerpo cuando su alma abandone este mundo, tome una decisión. Si lo entierran o inhuman, su cuerpo se descompondrá lentamente y es posible que al cabo de cuatro años —en que se exhuman los restos a no ser que posea un terreno propio—, termine cremado aún en contra de su voluntad. Tenga en cuenta que la cremación está prohibida para los casos de muerte violenta; sin embargo, si tiene alguna predilección sobre su destino final, déjela por escrito. Después de muerto usted no puede hablar y cualquiera tomará la decisión sobre su final.
Agosto 2003
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13, jul | 6 comentarios Alejandro En: Reportaje compártelo Tags: tanatopraxia, cremacion, destino, final, periodismo, alejandro, parada, muerte, bogota, crematorio, chapinero, reportaje

6 comentarios
muy importante conocer este proceso que parte desde la tanatopraxia hasta el destino final que es una inhumacion o cremacion... yo tengo tan solo 17 años y yo he tenido experiencia en tanatopraxia, conozco acerca de la tematica y tuve una experiencia en fneraria la esperanza en la ciudad de sincelejo... cada dia el personal especializado debe capacitarse para evitar accidentes laborales...
Muy interesante tu publicación, la verdad si bien tenía una vaga idea de que se trata este proceso nunca supe tan al detalle como era el asunto, es verdad eso que decís, las sociedades han perdido la costumbre por el luto y el duelo, ahora queremos todo práctico y todo fácil... yo pasé por la experiencia dolorosa de perder a un ser querido y francamente no fue practicidad en mi caso el que hayamos tomado la decisión de cremar el cuerpo, sino que queríamos terminar con la tortura cuanto antes, de todos modos las cenizas solo son cenizas, el recuerdo de las personas vive en nuestras mentes y corazón.
Muy oportuno este documento para aclarar este proceso; trabajo en funeraria y se que es este trabajo y todo lo que se realiza con un cuerpo; seria interesante que tambien mostraran el proceso de preparacion de cadaveres con el fin de desvanecer mas mitos sobre las funerarias(yo puedo colaborar) y quiero hacer una aclaracion respetuosa: los cofres de cremacion son hechos en formica y llevan por dentro un contenedor de carton como usted lo menciona para reducir el riesgo biologico al cremar el cuerpo; no se la verdad si olivos fue el primero en ponerlo en practica pero cabe anotar que esto se ha aplicado en funerarias debido a la reglamentacion de la secretaria de salud. Tambien resalto que estos cofres son alquilados a la funeraria por empresas dedicadas a este fin quienes retiran los cofres vacios de los hornos y realizan un proceso de reparacion y desinfeccion de los feretros para su reutilizacion.
Feicitaciones muy buena publicacion agradezco cualquier comentario a mi correo. Bye
Omar...
Gracias opor tan gentil comentario. Lamentablemente no me dejó su correo para poder ponerme en contacto con usted. Cuando se escribió este artículo, no nos permitieron el uso de fotografías para el proceso de tanatopraxia; con su ayuda podríamos mejorar este documento. Póngase en contacto conmigo: alejoparada@gmail.com
Saludos
El personaje no se llama GUSTAVO sino DUSTANO PRIETO. Además ya hay varios procedimientos obsoletos. Pero en el fondo está muy bien.
He leído varias publicaciones que usted ha hecho, la manera en que ha abordado cada tema es interesante, cabe resaltar que son pocos las personas que tratan este tema, la muerte es un hecho que trae consigo, un sin fin de cuestionamientos y mitos, en el ámbito fúnebre, son muchos los que existe y usted ha logrado se cierta forma abordarlos sutilmente, ya que son un poco polémicos. personalmente me apasiona y me interesa mucho, lo único que me resta es felicitarle por su trabajo.
Gracias
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